Ruidos en los oídos: acúfenos o tinnitus

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Tener ruidos en los oídos es algo muy común que prácticamente todos notamos alguna vez en la vida; generalmente desaparecen tal y como han aparecido sin dar más problemas y sin tener mayor importancia. En algunas personas estos ruidos se convierten en persistentes y es entonces cuando empiezan a dar problemas. Los acúfenos o tinnitus (es lo mismo) son ruidos  que la persona oye sin tener una fuente sonora externa que los justifique y pueden tener múltiples causas. El tipo e intensidad de ruido es muy variable: los típicos son los agudos, aunque también los hay graves, en forma de latido cardíaco, crujidos o incluso hay personas que escuchan pájaros o melodías.

 

Desde un simple tapón de cerumen, una contractura cervical o un bruxismo y hasta patologías importantes neurológicas o vasculares pueden cursar con este síntoma tan molesto. Además, la percepción subjetiva  del acúfeno, es decir, la intensidad y lo tolerable que sea, tiene un componente psicosomático importante; una persona con acúfeno que esté bajo una situación de stress o cansancio verá aumentado la intensidad del mismo. La gran mayoría de tinnitus que vemos en la consulta son pacientes que no tienen ningún problema de salud específico o que presentan algún tipo de pérdida auditiva, la causa más frecuente (sí sí, la famosa pérdida auditiva relacionada con la edad es la causa más frecuente!!).

 

Qué debemos hacer si tenemos acúfenos? de entrada y lo más importante es restarle importancia y esperar unos días a ver si desaparece espontáneamente. El miedo a tener algo grave hace que estemos más pendientes del síntoma y que la percepción del mismo aumente. Si vemos que persiste debemos acudir a un otorrino que nos mirará el oído y nos hará una audiometría para medir nuestra capacidad auditiva. En muy pocas ocasiones harán falta más pruebas diagnósticas como una resonancia o una analítica de sangre.

 

Cómo se trata un acúfeno? El tratamiento va a depender de la causa. El mito de «los acúfenos no tienen tratamiento» es relativo; aunque es cierto que no hay un tratamiento farmacológico que haya demostrado eficacia en la resolución del acúfeno, no es cierto que no podamos hacer nada. Podemos actuar sobre las causas del mismo: extraer un tapón de cerumen, tratar un bruxismo con férula de descarga, relajantes o, casi mejor, yoga, recomendar un audífono en caso de pérdida auditiva por degeneración del nervio, etc. En la mayoría de casos, la simple comunicación al paciente de que no tiene nada grave suele ser suficiente para que, con paciencia, el acúfeno acabe desapareciendo espontáneamente. También es cierto que, en aquellos casos en que no desaparece, la mayoría de personas suelen acabar a costumbrándose y conviven con su nuevo amigo sin más problemas.

 

A pesar de todo esto hay pacientes que sufren muchísimo por los acúfenos, les afecta mucho a su vida diaria y algunos, por suerte pocos, incluso llegan a sufrir trastornos psicológicos. En estos casos es cuando la gente busca desesperadamente soluciones y cae en manos de profesionales que ofrecen técnicas curativas de distinto tipo. Aunque un tratamiento determinado pueda tener un efecto beneficioso para un paciente, probablemente  por efecto placebo, hoy por hoy no existe ninguna técnica «mágica» que haya demostrado eficacia real en el tratamiento del acúfeno salvo, como ya he dicho, en los casos en que se pueda tratar la causa.

 

Conclusión, el acúfeno suele ser un síntoma banal que no refleja ninguna patología grave pero, cuando persiste, debemos estudiarlo para descartar algún problema. Sin prisa y sin agobios. Seguramente no sea nada.


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