Vértigo o mareo, es lo mismo?

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Vértigo y mareo son dos conceptos que se confunden a menudo. Es más, no es difícil escuchar su uso como sinónimos cuando en realidad no sólo no son lo mismo, sino que ni siquiera se parecen.
El término vértigo se refiere exclusivamente a la percepción visual de un movimiento del entorno. El paciente con vértigo ve claramente cómo el entorno se mueve, ya sea de manera rotatoria o con movimientos verticales u horizontales. La base de esa percepción es un signo ocular conocido como nistagmo. Por eso el paciente no es que tenga la sensación de que se mueve, es que ve ese movimiento. El mareo, por su parte, es un síntoma mucho más inespecífico, una sensación de malestar, de desequilibrio, asociado muchas veces a un componente nauseoso, pero sin que exista una clara percepción de movimiento del entorno.

El concepto de que el mareo es un síntoma inespecífica es de suma importancia, ya que esta sensación puede abarcar un amplio rango de diagnósticos que expliquen su aparición. Existen múltiples factores que pueden provocar mareos, como por ejemplo las alteraciones de la tensión arterial, la hipoglucemia, la deshidratación, los efectos secundarios a psicofármacos, los trastornos neurológicos o la ansiedad, entre muchos otros.

Los vértigos, en cambio, tienen su causa en alrededor de un 85% de los casos en el oído interno, mientras que el 15% de los casos restantes responderían a causas neurológicas, cardiovasculares o metabólicas.No obstante, como la causa principal es tan prevalente,  ante un paciente con vértigo lo primero que hay que descartar siempre es la causa otológica.

Tanto vértigos como mareos son síntomas, de forma que lo importante en una consulta médica es identificar las causas subyacentes para realizar el tratamiento adecuado.
La primera pregunta que surge es: ¿Cuándo es más importante acudir a la consulta al médico para el diagnóstico y el tratamiento en el caso de los vértigos o mareo? Es difícil concretarlo, porque un mareo puede ser provocado por un cáncer y un vértigo, estar originado por un simple tapón en el oído, aunque los vértigos suelen ser indicativos de patologías más agudas, como demuestra el hecho de que el paciente mareado puede acudir por su propio pie a consulta, mientras que el paciente con vértigo tenga que recibir asistencia domiciliaria o desplazarse en camilla.

El vértigo requiere una atención más inmediata, primero para calmar los síntomas y después para hacer un diagnóstico diferencial
Ese diagnóstico diferencial es clave, ya que existe mucha patología que produce vértigos (el vértigo posicional paroxístico benigno, la enfermedad de Méniere, la migraña vestibular, la paroxismia, la fístula linfática, etc.), y cada una de esas enfermedades tiene un tratamiento concreto, de forma que no todos los vértigos se tratan de la misma manera. Todos los problemas que dan vértigo en esa primera fase aguda los tratamos igual, pero es importante no prolongar esa fase con sedantes  más allá de un periodo de entre tres y cinco días, porque genera una alteración de la compensación vestibular. Es un “error muy común” tener a los pacientes durante semanas con sulpiride (Dogmatil) cuando lo recomendable es, una vez pasado ese periodo de cinco días, proceder al diagnóstico y el tratamiento de la enfermedad concreta que causa el problema.

En el caso de los mareos, por último, hay que aclarar que nunca será adecuado un tratamiento global ya que éste es debido a las múltiples causas que pueden esconderse detrás, por lo que la recomendación, antes de instaurar ningún tratamiento, es  identificar su origen.


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